Hoy en día, quién más, quién menos menos, todo el mundo sabe algo de inglés. Pero aún son pocos los que leen habitualmente en la lengua global. En Barcelona hay varias librerías dedicadas por completo a este idioma (como BCN Books o Elephant). Nosotros hemos visitado Come In, situada en Balmes 129. Su escaparate está repleto de juguetes, pero eso es sólo una parte. Aunque es un local pequeño -o no demasiado grande- y acogedor, dispone de varias zonas temáticas. Una dedicada a los más pequeños, otra a los estudiantes …
Seguir leyendo »Si Marco Polo hubiera necesitado una guía para recorrer la Ruta de la Seda seguramente habría pasado por Altaïr: y es que en esta librería ubicada en plena Gran Vía, frente al histórico Teatro Coliseum, se puede encontrar lo necesario para emprender un viaje perfecto a cualquier lugar del mundo. A pesar de que venden principalmente guías y mapas, eso sí de lo más completas, también es posible adquirir desde una navaja multiusos hasta un botiquín de primeros auxilios, pasando por diversos tipos de maletas y mochilas, bloc de notas y repelentes de mosquitos; además de juguetes, con un toque oriental, discos de música folclórica y bolsas de tela con estampados africanos. Lo que nos hace imposible salir de la librería con las manos vacías.

Joan Carles Batalla, el encargado de la única librería en Barcelona (existe otra franquicia en Madrid), cuenta que Altaïr fue fundada en 1979 por dos jovenes estudiantes de Antropología, Albert Padró y Pep Barradas. La carencia de establecimientos que pudieran ofrecerles, no sólo guías, sino tambien obras escritas por autores provinentes de todos los continentes, les impulsó a abrir una pequeña tienda en la calle Riera Alta. El éxito les obligó a trasladarse a otra ubicación, en un local más amplio en la calle Balmes, 69 donde ahora se puede encontrar una librería náutica. Finalmente recalaron en la Gran Vía, en un local mucho más grande que el anterior que dispone de dos enormes plantas cuyas paredes están forradas de mapas mundi , y cuya decoración étnica imperante en la librería invita a sentarse un segundo en uno de sus sillones y disfrutar de la literatura y la cultura de lejanos países.

“Se quiere dar un servicio global al viajero”, afirma Batalla; y eso se hace patente nada más entrar. A parte de los mencionados mapas y demás guías, podemos encontrar en las cinco secciones en que está dividida la librería, (cinco como los continentes), literatura pakistaní con novelas de Hanif Kureishi, representantes de la literatura argentina como Tomás Eloy Martínez, o clásicos latinoamericanos como las “Venas abiertas de América latina” de Eduardo Galeano; que nos permiten viajar, de forma alternativa, a lugares tan dispares como Lahore o Buenos Aires, totalmente “low cost”. Y para los que con una guía o una novela no les sea suficiente y necesiten de alguien que les organice el viaje, disponen de una Agencia de viajes llamada Orixà que se ocupan de todo.

En definitiva, tanto turistas que quieran conocer mejor Barcelona, como autóctonos que quieren hacer un viaje de lujo a la India, o más bien mochileros que quieran hacer un interrail gastando lo mínimo, tienen su punto de encuentro en Altaïr. Aunque ahora con la crisis económica, se mira más el bolsillo que no el destino.

Altaïr está en Gran Vía Corts Catalanes, 616 y tiene página web: www.altair.es
Los estudiosos del idioma germánico y los ciudadanos alemanes que viven en nuestra ciudad y quieren mantener, además de fomentar, su idioma para futuras generaciones, tienen su espacio en la Libreria Fabre. Un lugar donde encontraremos obras de diversos autores traducidas al alemán, pero también juguetes , la mayoría de madera, y libros para los más pequeños. Para conocer mejor esta tienda, mejor que nos lo explique la dependienta con la que hablamos, Patricia Hansel.

¿Cuánto tiempo lleva abierta esta librería?
-Más o menos 150 años, se fundó hacia 1860, y se ha ido traspasando de generación en generación. De hecho el actual dueño, que también es alemán, debe tener unos 80 años. Lo que no sabría decirte es si siempre han vendido juguetes y libros infantiles.
¿La tienda se ha dirigido únicamente a alemanes?
-Sí, siempre.
¿Porqué hay tantos juguetes y libros infantiles?
-En Barcelona hay muchos ciudadanos alemanes, pero también bastantes colegios alemanes y suizos. Así que los productos tienen bastante salida. No obstante, también vendemos algunos libros tanto en catalán como en castellano. Por otro lado, si vendemos tantos juguetes hechos de madera es porque en Alemania son muy típicos; prefieren que sus hijos jueguen con este tipo de juguetes.

Pero, ¿Sólo vienen a comprar alemanes?
-No, no siempre, hay de todo: alemanes, catalanes, turistas,etc. Sobre todo vienen durante la época navideña para comprar algún detalle o también pensando en los cumpleaños.
¿Qué tipo de libros venden?
-En general tenemos novelas que son traducciones al alemán. En Alemania apenas hay libros de otros países, sin traducir, por ejemplo en ingles o francés apenas hay nada. Pero ahora con internet, como amazon, puedes conseguir cualquier tipo de libro. Poero ello no significa que las librerías vayan a cerrar.
¿Qué tipo de clientes compran libros?
-En general, muchos alemanes o parejas mixtas (uno de ellos es español y el otro alemán) que quieren que sus hijos aprendan el idioma desde muy pequeños: quieren que aprendan catalán, castellano y alemán. Una amiga mía, que es alemana lleva a su hija a una escuela normal, y para que su hija no olvide la lengua en casa le habla en alemán.; por ello compra libros en alemán.

¿Existen más librerías alemanas aparte de ésta?
-Bueno si, hay una que se llama Colibrí pero no tiene tanto éxito como ésta.;aunque tienen una especie de convenio con el instituto Goethe. La nuestra es la única librería alemana centrada en libros infantiles.
Al ser una tienda tan especializada, ¿Las ventas han caído a causa de la crisis?
-Pues no mucho, después de la navidad y los reyes si que solemos experimentar una bajada. Durante las rebajas la venta sube un poco y, además, nosotros también aplicamos rebajas para incentivar la venta. La verdad es que ahora la gente se fija mucho más en los precios.
Háblenos un poco de usted, ¿Cuánto tiempo lleva en España?
-Llevo ya un año viviendo aquí.
Y ¿Cómo llegó a trabajar en esta tienda?
-Gracias a un amigo mio que me aconsejó, que buscara trabajo en esta librería ya que soy editora, me dijo que pasase por la tienda y preguntara. Algo nuevo para mi porque en Alemania no funciona así, no se va a buscar trabajo de tienda en tienda sino más bien entregando currículums por internet. Me daba vergüenza, a pesar de que no soy muy timida. La verdad es que tuve mucha suerte porque yo trabajaba en Alibri , una librería que tiene una sección en alemán bastante importante. Trabajo como dependienta pero también como secretaria. La verdad es que nunca pensé en trabajar en un lugar como este, estoy muy contenta.
En pleno centro de Barcelona, al lado de Plaça Universitat, hay un rinconcito de cultura gastronómica asiática. Es fácil que pase desapercibido. Un sobrio “alimentación oriental” escrito en un rótulo de fondo amarillo puede confundirse sin dificultad con el de un restaurante chino. Pero eso es sólo porque no lo conocemos, ya que el comercio tiene más de 10 años de vida. Es el supermercado Dong Fang, con muchos alimentos chinos, pero también japoneses, tailandeses… Además de bebidas y algunos libros, revistas y diarios. El local no es demasiado grande, pero el espacio está bien aprovechado y la variedad resulta abrumadora para el ignorante en cocina del lejano oriente.
La clientela es casi tan variada y colorida como los envases de fideos. Paseando por el local nos encontramos a Renki Matsui, una japonesa que llegó en septiembre a Barcelona. Nos dice que por la noche va a preparar una fiesta japonesa con amigos y por eso ha venido al supermercado. Viene una vez por mes. Los precios son más altos que en Japón, pero no excesivamente. Aunque los de los productos chinos están más ajustados. Nos cuenta que le interesan especialmente las salsas y la sección de frutería. Saca de su bolsa una lechuga, con una forma parecida a la iceberg, que dice que en Barcelona es muy difícil de encontrar. “Además está fresca”, y es que viene de Valencia.
De hecho, las frutas y hortalizas parecen unos de los productos que más éxito tienen. Es sólo una estantería, de unos tres o cuatro metros de ancho, pero casi todos los clientes se llevan algo de ahí. Cerca está la sección de quesos tofu -un buen pedazo cuesta poco más de un euro- o bolsas grande de soja -por el mismo precio-. Los vegetarianos tienen su espacio. Prueba de ello, además del tofu, es el salami vegetal o las vegeburgers. Aunque aquí los precios son más altos. Cuatro rodajas de salami vegetal cuestan 3 euros.
Entre tofus y hortalizas, hay una estantería llena de libros y otras con revistas y periódicos. Paula es una joven de Barcelona que ha vivido un año en Singapur. Le encanta la cocina asiática y se gasta unos 15 euros mensuales en Dong Fang. Nos dice que los libros son muy buenos, de la universidad de Pekín. Ella habla chino.
.Quizás la sección que más nos llamó la atención fue precisamente ésta, por la mezcla atípica del papel entre la comida. Los hay de todo tipo. Desde novelas hasta cursos para aprender chino (“New Practical Chinese”). También un diccionario español-chino por 20 euros, otro de inglés por 30 o un conjugador. En las revistas, las hay tanto de lolitas asiáticas en ropa interior como de actualidad política (“Wide Angle”, de diseño casi idéntico a Der Spiegel). Junto a las revistas están los periódicos. Hay cuatro cabeceras, todas escritas en chino y destinadas a la comunidad residente en España. Una de ellas es La Voz China (editada en Barcelona).
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Lo fascinante de este supermercado es la gran variedad de marcas, precios, sabores y envases para productos –en apariencia- muy similares. Una estantería dedicada sólo a los fideos, otra a los snacks (chinos y japoneses), otra a las salsas; vinagre de arroz, salsa de soja para sushi.; bebidas de lichi, soja, coco, crisantemo, verduras.; pasta para rollitos de primaveras (de diferentes tamaños), mayonesa japonesa (7 euros) o huevos de oca (seis por 6,5 euros). La estantería de tés también está bien surtida. Al lado, el sake o el vino de arroz (en garrafa). Michael Bunn, un inglés que hace veinte años que vive en Barcelona, nos cuenta que le encanta la cerveza Singka. La conoció cuando vivía en Tailanda. Antes había estado en Hong Kong.
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La clientela del mercado es una mezcla curiosa de europeos y gente que proviene mayoritariamente del lejano Oriente. Nos dice la encargada del supermercado que sólo la mitad de sus clientes son asiáticos. Para esta ellos, hay colocados en la puerta tres tablones de anuncios llenos de pequeñas notas de papel, todas escritas en chino. Una mujer nos explica –no sin cierta dificultad- que cada panel está dedicado a una cosa. Uno es para locales –ella busca un bar en traspaso-, otro para anuncios de trabajo, el tercero para buscar piso y el último dedicado a la compra-venta.
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Resulta curioso observar como una tienda tan pequeña puede prestar servicios tan diversos a gente tan diferente. Tanto para, por ejemplo, el empresario que estuvo un año en Asia y no quiere olvidarla. Como el que acaba de llegar y sólo busca la lechuga a la que está acostumbrado, o un diario que explique –en su propia lengua- aquello que le preocupa.
Quizás tu manera de contar billetes dependa del país donde vivas.
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vídeo subido por el usuario exaktua
Paseando por el multicultural barrio de El Raval, puedes encontrar cualquier cosa, incluso una tienda que sólo está rotulada en ruso. El escaparate tampoco da muchas pistas (hay un tablón de anuncios, por supuesto en un igualmente incomprensible ruso), así que no se sabe muy bien que ofrece hasta entrar en ella. Dentro uno descubre que es una librería, pequeña y acogedora. Los libros, todos en alfabeto cirílico, forran las paredes y llenan cajas de cartón con carteles de a dos o tres euros. Los hay de todo tipo, tanto novelas, políticos o técnicos. Ilías, el propietario, nos dice que conserva un ejemplar de un periódico ruso de 1918, justo después de la revolución bolchevique. También libros de la época soviética posterior.
Hay una cubierta que nos llama la atención: es una ilustración de un cosmonauta sujetando en alto la hoz y el martillo. ”Estos libros son para coleccionista”, nos dice Ilías. El ejemplar en cuestión tiene un precio de 60 euros. Pero son pocos los coleccionistas que se acercan a la tienda. La mayoría de los clientes son rusos que no quieren perder lazos con su tierra, también algunos barceloneses que aprenden la lengua del antiguo imperio soviético.
Aunque la mayoría de los libros no valen más que unos pocos euros, el negocio ya hace tiempo que no funciona. En Rusia, tres años atrás, se igualó el precio de los libros con los niveles europeos, nos dice Ilías. Si a eso sumamos el auge de Internet y el golpe de la crisis, la tienda ya no proporciona beneficios suficientes. “Queremos cambiarla y convertirla en algo para todo el mundo, no sólo para los rusos”.
Pero mientras este pequeño rincón de Barcelona siga en pie, Ilías continúa atento a la puerta, esperando a que algún cliente entre. En nuestra visita nos encontramos con Igor, que venía a devolver un dvd. Ilías, además de vender, también intercambia. Por ejemplo, cambiar un libro por otro cuesta un euro.
Las reservas iniciales de Ilías dan rápidamente paso a risas abiertas y distentidas. Vino hace nueve años de San Petersburgo (antes también llamado Petrogrado, o Leningrado), se estableció en Barcelona y fue entonces cuando montó el negocio. “Antes había colas hasta la acera del frente, pero ya no es lo que era”, nos dice pensativo Ilías. Su mujer nos cuenta que él es oceanógrafo y que por eso es Barcelona y no otra, porque necesita estar cerca del mar. Le preguntamos por sus gustos literarios y nos contesta que en Rusia ahora los libros se hacen para vender, que él prefiere a los clásicos. Y curiosos nostros por las portadas de Lenin en algún que otro libro, póster o souvenir, Ilías ríe divertido y nos dice que es una gracia. Para regalar en un cumpleaños.
Aunque los libros ocupan la mayor parte del local, también se pueden encontrar cd´s de música rusa, objetos de decoración – como las matrioshki (las típicas muñecas rusas)-, petacas de vodka con imágenes impresas o pósters. Dice Ilías que alguna vez incluso también hace de agencia de viajes.
La librería se encuentra en el Raval, calle Joaquín Costa, 2 (detrás del CCCB y el MACBA).